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Anestesia

La sepsis no es sinónimo de infección generalizada, y hace mucho tiempo que ya no lo es.

Todavía escucho mucho, incluso entre veterinarios, que la sepsis es una «infección generalizada». Hace mucho tiempo que esa definición quedó de lado y todos necesitamos hablar el mismo idioma para enfrentar este problema.

No es necesario que haya una «infección esparcida» por el cuerpo para que un paciente esté séptico. El foco puede estar restringido a un único lugar. El ejemplo más habitual en la clínica de pequeños animales es la piómetra: la infección está confinada al útero y, aun así, la perra o la gata puede estar séptica, incluso sin ruptura ni translocación bacteriana a otros órganos. Lo que caracteriza a la sepsis es la disfunción orgánica provocada por una respuesta desregulada del organismo frente a ese foco. La multiplicación del agente etiológico por todas partes no tiene por qué estar presente.

Esta distinción tiene una consecuencia práctica directa. Si pienso que el problema es solo la infección, concluyo que basta con retirar el foco para resolverlo todo. Extraigo el útero contaminado y considero el caso cerrado. La realidad de la rutina muestra que no funciona así. La remoción del foco es fundamental, y siempre que sea posible debe hacerse cuanto antes; sin embargo, eso no interrumpe automáticamente la cascada inflamatoria ya instalada. El paciente sigue necesitando soporte, monitorización de la perfusión y vigilancia de las disfunciones que pueden aparecer después de la cirugía.

Otro comentario sobre nomenclatura, porque somos profesionales técnicos y necesitamos usar los términos correctos. Todavía escucho a mucha gente usar el término «septicemia» como sinónimo de sepsis. La septicemia describe la multiplicación de un agente en el torrente sanguíneo, que es apenas una etapa posible y no siempre presente. El término fue abandonado como definición del síndrome desde 1998, justamente por describir una parte y no el todo. El origen de la palabra es antiguo: sepsis, del griego, significa algo que se pudre.

El motivo de «ser pesado» con un concepto aparentemente solo teórico es clínico. Cuando entendemos que la sepsis es un síndrome, pasamos a tratar al paciente entero. Empezamos a preocuparnos por el líquido, por la perfusión, por el lactato, por el momento adecuado de introducir un vasopresor, y no solo por el antibiótico y la retirada del foco. Ese cambio de razonamiento es lo que separa una mayor probabilidad de un desenlace favorable de aquel que lamentamos.

Por cierto, conviene recordar que en la medicina humana muere una persona cada pocos segundos por sepsis, y que buena parte de lo que sabemos en veterinaria todavía proviene de la extrapolación de la literatura médica. No conozco números precisos en pequeños animales, pero quien hace guardias y lidia con pacientes críticos sabe cuántos de nuestros pacientes llegan al deceso en estos casos. Si llegaste hasta aquí y quieres aprender más con quien entiende mucho del tema —no conmigo, jajaja—, escríbeme al privado o entra en el enlace de la bio para conocer el GDETIV: curso, comunidad y app coordinados por el prof. Guilherme, que trabaja en esta especialidad desde hace mucho tiempo y te ayudará a mejorar tus conductas en estos casos.

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